Ninguna
Septiembre 13,2014
Oaxaca, paraíso de playas, comida y mezcal

Oaxaca, paraíso de playas, comida y mezcal


La gente que aprecia Oaxaca, la que viene y va o la que se queda, son como abejas que van llenando el panal de miel enriqueciendo, protegiendo y revitalizando la cultura, naturaleza y el folclor mexicano. En nuestras expediciones a Oaxaca hemos descubierto un estado multifacético- con un paisaje totalmente variado que atrae a todo tipo de gente. Hay para deportistas, religiosos, turistas, foodies, hippies y sibaritas, para mexicanos y extranjeros. Mientras los amantes del surf gozan de días completos dentro del mar, los apasionados por los deportes de montaña se escapan a la sierra, otros buscan experiencias místicas en la selva, y otros buscan turismo cultural y gastronómico en la capital. Lo mejor es que todas esas experiencias pueden tenerse en el mismo recorrido, con la planeación adecuada y considerando una significativa versatilidad en atuendos ya que las temperaturas en verano pueden oscilar entre los 10 grados en la sierra a los 40 en la playa.

Nuestro recorrido comenzó por Chacahua, una playa a la que sólo se puede llegar por lancha. Al cruzar una laguna rodeada de manglares llegamos a un pueblo recóndito, macondino, establecido a la boca del río. A la orilla del mar se han construido cabañas y palapas para recibir a viajeros que buscan acercarse al ideal del mar, la hamaca y la cerveza. Mientras nuestros amigos surfeaban, emocionados de las larguísimas olas, nos dedicamos a explorar los alrededores. En Chacahua se puede nadar en la playa y en el río, visitar el faro, tirarte a leer, comer ceviche, echar siestas y disfrutar de que no haya nada más que hacer. Uno de sus grandes atractivos es que se puede caminar por horas sobre la playa sin ver a más gente.

De Chacahua llegamos a Puerto Escondido, playa que no necesita introducción. En Puerto está la ola más famosa de México, “el pipeline mexicano”, que llega a alcanzar los 9 metros de alto- suficiente para contener dentro de su tubo a camiones de escuela completos. Por ella, surfers de todo el mundo vienen a México a prepararse para competencias internacionales. Muchos nunca se van. Es por eso que Puerto se ha convertido en una de las playas más populares en México para gente que busca autenticidad.

Hay muchas otras playas que se pueden explorar en la costa de Oaxaca- Mazunte, San Agustinillo, Puerto Ángel, Barra de la Cruz, o Huatulco. Cada una sirve a un público distinto. Mazunte es para relajarse, San Agustinillo para divertirse con amigos, Barra de la Cruz para alejarse del mundo y surfear, Huatulco para ir a un resort. En toda la costa se disfruta de la convivencia con sudamericanos, australianos y europeos.

De Puerto Escondido fuimos a la Ciudad de Oaxaca - el centro mexicano de bohemios, artistas e idealistas. La capital es una de las ciudades más bellas de México. Mientras la luz del atardecer pega contra la pared de cantera verde de una catedral, jóvenes caminan de la mano, y niños tiran tubos de aire al cielo, un típico paisaje de pueblo mexicano en el que todos salen de sus casas a pasar el tiempo y convivir en la plaza llena de músicos, marchantes de esquites, algodones de azucar y globos. La ciudad ha sido nombrada Patrimonio Cultural de la Humanidad por sus numerosos edificios coloniales, catedrales, plazas y museos. Es un lugar para caminar, pueblear, perderse. Hay que explorar sus mercados comprar artesanías, quesillo, chocolate, mole, y tejate; comer en sus deliciosos restaurantes, admirar las ruinas de Monte Albán, Hierve el Agua y el árbol del Tule.  

Nuestro último paso fueron los Pueblos Mancomunados de la Sierra Norte, a aproximadamente 2500 metros sobre el nivel del mar. Este enjambre de pueblos están completamente equipados para el ecoturismo y la aventura - Amatlán, Cuajimoloyas, Benito Juarez, Latuvi, Llano Grande y la Nevería. Son famosos por el festival de hongos que sucede en verano. Explorando los pequeños pueblos de menos de 1500 habitantes, hicimos actividades de senderismo, tirolesa, bici de montaña, caballo, y convivencia con la comunidad. El viaje terminó, con su debida ceremonia, en un temazcal de Cuajimoloyas, en dónde la hija de la partera del pueblo nos sanó de todo el viaje y nos ofreció un té en la seguridad de su cabaña mientras pasaba la lluvia.

Articulo publicado en revista digital Nao Travel por Walking México. Si quieres leer toda la revista o todas sus publicaciones, dale click al siguiente link: Nao Travel


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